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sábado, 28 de abril de 2012

Lilith, la diosa del viento , la verdadera historia .


Lilith, la diosa del viento

Las primeras referencias a Lilith aparecen en tablillas sumerias, fechadas en torno al III milenio a.C., bajo la denominación de Lilitu o Lamatsu y rodeadas de una iconografía extraordinariamente alejada de la proporcionada por el Talmud hebreo y las escasas referencias bíblicas. Entonces, ¿qué rol desempeñaba Lilitu en la mitología sumeria?
Según narran las inscripciones mitológicas sumerias, los dioses y semidioses emergieron de un océano infinito que simbolizaba el caos primigenio dador de la vida. En aquellos tiempos remotos, Lilith simbolizaba la parte femenina de uno de los Agbal o semidioses hermafroditas que manaron del Abismo para servir a los primeros dioses de las profundidades. Lilith se erige como un "espíritu del viento nocturno" (traducción sumeria de Lilitu o Lamatsu) cuya misión primordial era custodiar las puertas que separaban el plano físico del espiritual, actuando, por tanto, como un guía hacia la sabiduría de la inmortalidad. Y es debido a su caracter guiador que aparece representada portando los anillos de Shem, los símbolos más antiguos que demuestran que un individuo ha cruzado hacia la inmortalidad y alcanzado la sabiduría del Árbol del Conocimiento.
La iconografía sumeria de Lilith representa a una joven doncella alada que atrae a los hombres al templo de Ishtar para celebrar ritos sexuales con las sacerdotisas vírgenes de la diosa para alcanzar una transformación espiritual y regenerar el cuerpo físico prolongando así la vida mortal. De esta forma, Lilith como "mano de Ishtar" hace partícipes a los hombres de los misterios rituales del templo en los que que hubo de ejercer cierta influencia algún tipo de alquimia relacionada con la sangre menstrual de las sacerdotisas.
Las influencias asirias en la segunda mitad del II milenio alteraron la iconografía de Lilith, y en las posteriores leyendas asirias, aparece representada al lado de los reyes sosteniendo en sus manos la vara y el anillo de la autoridad regia, flanqueada por el Pájaro de la Sabiduría y el Léon, señor de las bestias.
La relación de Lilith como diosa del viento con el universo de la femeneidad clásica es pues asentado .


Lilith, la Madre de los Vampiros.



Le debemos al profeta Isaías una de las versiones más desoladoras y angustiantes del mito de ésta mujer; demonizada y convertida en símbolo del oprobio femenino, precisamente por haber sido la primera que quiso ser una mujer, y no sólo un útero procreador al servicio de la comunidad de los justos.

"...y en su palacio crecerán las zarzas..."

Dice el Profeta en la primera parte del libro que se le atribuye, que es también la menos sospechosa de ser apócrifa y la de más alto vuelo poético:

"En sus fortalezas las ortigas y los cardos arraigarán y serán morada de chacales. También allí Lilith descansará, y hallará su lugar de reposo".

Lúgubre reino habitado por demonios, sátiros, perros y gatos salvajes, incubadora de serpientes y morada de buitres; conjunto que en definitiva Yahvé suele acumular cuando se enfada. Este es el sitio que la Biblia imagina como justa y natural residencia de la segunda (o tal vez la primera) mujer de Adán.

El Origen de Lilith.

Demonio femenino de la tempestad en el panteón babilónico, y llamada Lajil (que significa "noche") por los cananeos, Lilith aparece en la tradición heterodoxa bíblica como la "enemiga de Eva", a quién su marido abandona por ella tras el nacimiento de Abel y previo al de Caín (engendrado, según dicen las malas lenguas, por el demonio Samael). En la versión ortodoxa Caín es en cambio el primogénito.

Los siempre sutiles intérpretes de la ley talmúdica le dan un giro a la leyenda, sugiriendo que fue Lilith la primer mujer de Adán, a la cuál este prototipo de macho repudió porque no se sometía al arquetipo de la obediente y sumisa esposa; razón por la cual Dios no tuvo más remedio que recurrir a la costilla adánica para crear a una sustituta idónea: la previsible e insulsa Eva, madre de la especie humana y pálido ejemplo de la monótona resignación que la sociedad exige de las mujeres. Pero erotismo y maternidad son poco conciliables, y el trasnochado Adán regresó a Lilith para gozar de sus incomparables artes amatorias.

Esta historia explica porqué Lilith terminó siendo la reina de los súcubos, la tentadora infértil, la obsesión nocturna de las pesadillas eróticas de los hombres, la vampiresa por excelencia, condenada a errar sin refugio ni descanso por las tinieblas del mundo.

Esa es la idea que los textos sagrados nos legaron de la mujer, y de su supuesta fascinación natural por el desenfreno y el pecado; sólo corregible bajo el sometimiento y el rigor. Por ello fueron privadas de la honra las vestales órficas, las sacerdotizas de Dionisos y las bacantes romanas, y quemadas por millares las lejanas brujas que confortaban en las aldeas y los bosques a los desposeídos.

La Madre de los Vampiros.

Veamos ahora porqué se considera a Lilith como "Madre de los Vampiros".

Según el mito, cuando Lilith se niega a mantenerse debajo de Adán durante el acto sexual, huye hacia la noche transformándose en aire frío (algunos dicen que luego los ángeles lograron atraparla en el Mar Rojo); y es aquí dónde el mito se quiebra, Lilith pasa de la protesta y la tímida huida a las acciones. La tradición hebraica de oriente afirma que en éste punto Lilith comienza a vengarse a través del infanticidio. ¿Os parece exagerado una venganza semejante? Es posible que así sea, pero sigamos investigando y veremos el porqué de esta elección tan radical y violenta.

Lilith mata y se alimenta de bebés por una razón muy sencilla: en la época en la que se desarrolló la leyenda se pensaba que el embarazo se producía sólo mientras la mujer tomaba una posición pasiva durante el coito; por lo tanto lo que Lilith no deseaba (cuando huyó de Adán) era el embarazo; negaba su condición de madre sabiendo que así resignaría su rol de mujer; es entonces natural que se haya asociado su venganza a aquello que más odiaba.

Aquí la trama se hace más compleja; y no seguiremos las tradiciones del Zohar, como seguramente aconsejaría la prudencia, sino que revelaremos el misterio de su odio a través de la intuición: Lilith encauza su venganza golpeando en dónde más le duele a una madre, a sus hijos.

Y la venganza creció; según algunos textos del talmud babilónico, Lilith logra escapar a la maldición que Dios envía a los hombres tras la caída de Adán y Eva. La pareja pierde la inmortalidad pero Lilith evita la pena por no estar presente, y conserva así su penosa inmortalidad. ¿Cómo pudo ser posible esto? Muy simple, ella no está presente porque "es la noche", la oscuridad; es lo que se mueve en la penumbra; ¿qué es acaso el sol sino un tenue brillo en la inmensa oscuridad del universo? El pecado original ocurre durante el día; tal como se desprende del análisis del Génesis; por lo tanto es perfectamente claro que ésta es la razón por la cuál Lilith conservó su eternidad.

Así pasó Lilith a la historia del mito y la leyenda; cómo la antagonista de Eva (prototipo de la esposa-madre), enemiga del hogar y la sumisión. Será la noche con todos sus misterios y secretos; será eterna, inmortal, beberá sangre de los cuellos aún palpitantes y seguirá siempre sedienta, se alimentará de nuestras pesadillas; y con el tiempo, y a pesar de la aparente paradoja, la tradición popular le dará el noble epíteto de Madre de los Vampiros.


El Espejo Gótico

ATTE: Titania

martes, 17 de abril de 2012

Tara y las Hadas



En la vieja mitología celta, una doncella de Tara (en Irlanda la sacerdotisa-reina-hada Mebd) entrega al caballero (aunque en realidad no importa el sexo pues esto tan sólo es idiosincrasia cultural) que se ha esforzado y acertado en su viaje interior de transformación, una copa o grial donde beber el elixir que permite acceder al reino secreto de la Diosa. Este simbolismo grialiano-celta (copiado o plagiado después a su manera por los cristianos) muestra una metáfora del camino de retorno al reino celeste trascendente de la diosa madre Tara, un reino accesible tan sólo para la conciencia presente o liberada de ego. Las fantasías que el ego-mente no observada genera contínuamente son el bosque donde contínuamente todos nos perdemos, impidiendonos siempre alcanzar el simbólico grial. El hada Mebd jamás entrega el grial a quienes no avanzan en el camino de la conciencia presente liberada de la disfunción mental del ego. 
En cualquier caso esto no son sino viejos modelos legendarios que no tienen correspondencia directa en nuestra transformación personal. Se trataba únicamente de colorear una historia que representa o dramatiza un cambio drástico que debe ocurrir en nosotros mismos como entes portadores de conciencia. Hoy en día estos personajes literario místicos tienen escasa razón de ser en los símbolos de nuestro mundo moderno, pues pertenecen a paradigmas pasados. Los cito a título de anécdota. Sin embargo conservan aún cierto valor onírico simbólico depositado en nuestro subconsciente cuyas raíces son ancestrales. 
La copa de la diosa o grial es una metáfora ritual donde se ofrece su contenido que es el soma místico divino, el cual permite acceder a la conciencia de Tara: la visión mística trascendente pero real del mundo. Pero se trata de un acto litúrgico o ritual, un símbolo de merecimiento del nivel espiritual alcanzado tras el esfuerzo en el camino correcto. Beber en la copa de la diosa (ofrecida por un guardián / guardiana de la copa divina) es acceder a la visión maravillosa de Tara: la conciencia iluminada y liberada de ego. Sin embargo estos hechos (símbolo de haber atravesado el umbral de acceso al reino de conciencia liberada del ego) no ocurren en el mundo de la realidad ordinaria (las formas de nuestro espacio-tiempo) sino que sólo son reales en un plano existencial superior. Tal son los sueños, que representan la dimensión simbólica de la mente. En cambio el plano de las formas físicas cotidianas es más pobre en simbolismo aunque también es posible percibirlo si estamos alerta o despiertos.
Simbólicamente el soma de la diosa suele ser rojo y por ello las sacerdotisas de Tara vestían siempre ritualmente de rojo o escarlata. Para algunos el rojo procedía de las bayas de la vid; para otros de la sangre menstrual; otros lo veían en el jugo de la granada, etc. Pero esto sólo son remedos humanos que no tiene nada que ver con aquello que representan. Así que en mi opinión la obsesión por el rojo o cualquier aspecto de la forma es un engaño del ego, ya que la conciencia carece de forma. La forma está ligada al tiempo y el tiempo está ligado al ego.
Para algunos el color de la diosa es negro, para otros blanco, otras la ven roja y otros verde. Pero incido en el punto anterior. Las formas sólo poseen un valor relativo. Lo espiritual no tiene forma.
A la legendaria Mebd (protagonista humanizada de varias sagas céltico irlandesas) también se la conoció como la Reina de las Hadas, por ser suma sacerdotisa de Tara en la vieja irlanda pagana. En este contexto místico trascendente las mitológicas hadas no son sino emanaciones en el mundo de la forma de la gran diosa Tara. Las hadas auténticas no poseen una estructura mental como la humana, sino como hubiera sido la mente humana de no haber quedado prisionera del ego. Nosotros también procedemos de la diosa pero nuestra mente y nuestra forma han evolucionado por un camino distinto y hemos ido creando una realidad de espacio-tiempo muy diferente de aquella en que permanecen hadas, elfos o cualquier ser libre del ego humano. No obstante estos nombres son también culturales. 
En la época contemporanea proliferan en el imaginario espiritual fabulosos entes extraterrestres cristianizados y ángeles solares tradicionales remedando la vieja mitología patriarcal del ego con nuevos ropajes siderales. Sin embargo también a través de esta mixtificación puede tal vez filtrarse algo de la luz conciencial que procede del ignoto reino del espíritu más allá del ego: la tierra de la conciencia madre o diosa Tara.
No obstante, para acceder plenamente a la realidad de la conciencia libre es preferible deshacernos de todas estas historias, cuentos y ficciones que el ego ha creado y crea contínuamente. Todas las ideologías y creencias de la mente son al final una trampa donde el ego nos atrapa. Para entrar en el reino de la conciencia o espíritu debemos ir más allá de todos los disfraces que la mente egotizada genera.

Recomiendo leer los libros de Eckhart Tolle para comprender con lenguaje actual y sencillo, sin término oriental o religioso alguno, tanto a la conciencia como la disfunción del ego que mediatiza contínuamente nuestra existencia.


ATTE: Titania